Fue el 2013 el año del optimismo dentro del pesimismo. El
año que España parecía salir de su letargo, según ciertos indicadores
macroeconómicos, con un superávit por cuenta corriente sin precedentes, pero la
sensación de una sociedad que vive en el drama sigue persistiendo porque los
indicadores microeconómicos, que son los que nos dan los garbanzos, siguen sin levantar
el vuelo. Quizá sea un km 0, una vez recuperado cierto terreno en los mercados
y haciéndonos más competitivos allende los mares de la Península. Toca ser
optimista, porque algo ha mejorado la “Calle Melancolía” de Sabina y
que bien valdría para definir España.
Fue el 2013 el año en que enterraron a mi abuelo y una parte
de mí se fue con él. Su duro duelo contra la enfermedad ha sido un ejemplo a
seguir. Esa manera de mirar a los ojos a la vida cuando ésta se va diluyendo,
de manera despiadada, es su mejor legado. Ahora que falta en su sitio habitual
en las cenas de navidad, le añoro más que nunca, pero con una sonrisa (a veces
algo forzada) porque él lo hubiera querido así.
Fue el 2013 el año en que cayeron muchos que ocuparon largas
horas de cine, lectura y música. Mandela, James Gandolfini, Lou Reed, son solo
un pequeño esbozo de lo devastador que ha sido el 2013 en bajas significativas.
También cabe recordar a personas que se han ido de gente querida y cercana.
Fue el 2013 el año en que el debate del balón de oro se hizo
insoportable para los que creemos en la mesura, detestamos la tertulia estéril
y el fanatismo; y queremos solo hablar de fútbol y no de papel cuché y
medallitas al mérito personal.
Fue el 2013 el año en que estas pupilas se derritieron ante
el mejor Real Madrid de baloncesto, en juego, números y plantilla, que jamás he
visto. El año en que viví “in situ”, en el Palacio de los Deportes, muchas
victorias con la espectacularidad de este deporte y de este equipazo.
Fue el 2013 el año en que Xabi Alonso se hizo fundamental,
ya no por su juego (que siempre lo ha sido), sino por su ausencia. Y entonces
cojeó el esquema de Del Bosque en la Confederaciones, con un Busquets muy solo.
Y se vio un Madrid sin ideas durante algunos meses porque no estaba el dandy
que maneja al equipo.
Fue el 2013 el año en que tocó reinventarse para intentar
distinguirse en la cola del INEM durante muchos meses. Aún sigue la batalla.
Fue el 2013 el año en el que en una dinámica de grupo dije
que mi hecho más relevante hasta la fecha había sido conocer a mi novia en una
biblioteca y que mi referente era Pablo Pineda. Histriónico o no, dos semanas después trabajaba en Banco Caixa
Geral, sucursal de Móstoles, una de las experiencias más enriquecedoras que he
vivido y que se prolongó durante 4 meses.
Fue el 2013 el de disfrutar de “The Wire”, la serie de culto
por excelencia. Y fascinarme con la dicotomía: el horror/la belleza, como un
día ocurrió con “Apocalipsis Now”. Horror por lo que describe, belleza por cómo
lo describe.
Fue el 2013 en el que viajé a Londres y pude dar buena
muestra de lo abierta, cultural y hermosa que es la ciudad. Todo hubiese sido
mucho menos cálido sin la hospitalidad de David y Pilar, que merecen mención
aparte.
Fue el 2013 el año que Siria fue territorio comanche y un
lugar donde medirse las pollas las potencias mundiales armamentísticas. China,
Irán y Rusia, al otro lado de la trinchera: Estados Unidos, Israel y potencias árabes liderabas por
Arabia Saudí. Cada cual defendiendo
un polo del fundamentalismo islámico: chiitas y suníes. La ONU viendo los toros desde la barrera, aunque eso no fue nunca un problema para EEUU. Obama supo recular, no
llegó la sangre el río y no hubo guerra mundial, ni conflicto armado. Todo
quedó en revuelta de unos, resuelta con, presuntamente, armas químicas de la
autoridad competente y unos cuantos rebeldes que cayeron vencidos. Una especie
de guerra fría del islam que promete dar muchos más capítulos de belicismo y
conflictos diplomáticos
En el 2013, también hubo lío en las Coreas por un “quítame
de ahí esas milicias”. Corea del Norte, la del tirano Kim Jong-un, amenazando
devastar Corea del Sur. EEUU, aunque es su aliada la Corea “buena”, que no
puede estarse quieto y amenaza con entrar al trapo. Agua de borrajas.
Fue el 2013 en el que Draghi, siguiendo la estela de 2012
(cuando anunció la barra libre, si fuese menester), cogió el toro por los
cuernos, de manera repentina, y bajó los tipos de interés a medidas históricas:
0,25%. Inflacionistas vs Deflacionistas en el tatami. Política controvertida, en
cualquier caso, de la que tengo una opinión algo difusa.
Fue en el 2013 el año que vi a Quique González en directo. Comprobé
que sonaba a músico de verdad. A músico con mayúsculas. A músico auténtico. A “músico
de guardia”, como él dice. Estuvo genial, haciendo suyo el folk-rock que nos tiene enamorados, a los que llevamos siguiéndole desde hace tiempo.
Fue el 2013 el de rayar el disco de Sixto Rodríguez y
volverse músico de culto. Nick Cave tuvo también mucha presencia en los
altavoces.
Ahora que agoniza el año, toca hacer introspección, mirar el
balance de frente sin ocultar pérdidas, relativizar y aprender de fracasos (si
es que así se los puede llamar), enorgullecerse por los éxitos y afrontar con
optimismo el nuevo año que asoma y promete que todo será un poquito mejor.
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