lunes, 30 de diciembre de 2013

EL AÑO QUE AGONIZA

Fue el 2013 el año del optimismo dentro del pesimismo. El año que España parecía salir de su letargo, según ciertos indicadores macroeconómicos, con un superávit por cuenta corriente sin precedentes, pero la sensación de una sociedad que vive en el drama sigue persistiendo porque los indicadores microeconómicos, que son los que nos dan los garbanzos, siguen sin levantar el vuelo. Quizá sea un km 0, una vez recuperado cierto terreno en los mercados y haciéndonos más competitivos allende los mares de la Península. Toca ser optimista, porque algo ha mejorado la “Calle Melancolía” de Sabina y que bien valdría para definir España.

Fue el 2013 el año en que enterraron a mi abuelo y una parte de mí se fue con él. Su duro duelo contra la enfermedad ha sido un ejemplo a seguir. Esa manera de mirar a los ojos a la vida cuando ésta se va diluyendo, de manera despiadada, es su mejor legado. Ahora que falta en su sitio habitual en las cenas de navidad, le añoro más que nunca, pero con una sonrisa (a veces algo forzada) porque él lo hubiera querido así.

Fue el 2013 el año en que cayeron muchos que ocuparon largas horas de cine, lectura y música. Mandela, James Gandolfini, Lou Reed, son solo un pequeño esbozo de lo devastador que ha sido el 2013 en bajas significativas. También cabe recordar a personas que se han ido de gente querida y cercana. 

Fue el 2013 el año en que el debate del balón de oro se hizo insoportable para los que creemos en la mesura, detestamos la tertulia estéril y el fanatismo; y queremos solo hablar de fútbol y no de papel cuché y medallitas al mérito personal.

Fue el 2013 el año en que estas pupilas se derritieron ante el mejor Real Madrid de baloncesto, en juego, números y plantilla, que jamás he visto. El año en que viví “in situ”, en el Palacio de los Deportes, muchas victorias con la espectacularidad de este deporte y de este equipazo.

Fue el 2013 el año en que Xabi Alonso se hizo fundamental, ya no por su juego (que siempre lo ha sido), sino por su ausencia. Y entonces cojeó el esquema de Del Bosque en la Confederaciones, con un Busquets muy solo. Y se vio un Madrid sin ideas durante algunos meses porque no estaba el dandy que maneja al equipo.

Fue el 2013 el año en que tocó reinventarse para intentar distinguirse en la cola del INEM durante muchos meses. Aún sigue la batalla.

Fue el 2013 el año en el que en una dinámica de grupo dije que mi hecho más relevante hasta la fecha había sido conocer a mi novia en una biblioteca y que mi referente era Pablo Pineda. Histriónico o no, dos semanas después trabajaba en Banco Caixa Geral, sucursal de Móstoles, una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido y que se prolongó durante 4 meses.

Fue el 2013 el de disfrutar de “The Wire”, la serie de culto por excelencia. Y fascinarme con la dicotomía: el horror/la belleza, como un día ocurrió con “Apocalipsis Now”. Horror por lo que describe, belleza por cómo lo describe.

Fue el 2013 en el que viajé a Londres y pude dar buena muestra de lo abierta, cultural y hermosa que es la ciudad. Todo hubiese sido mucho menos cálido sin la hospitalidad de David y Pilar, que merecen mención aparte.

Fue el 2013 el año que Siria fue territorio comanche y un lugar donde medirse las pollas las potencias mundiales armamentísticas. China, Irán y Rusia, al otro lado de la trinchera: Estados Unidos, Israel y potencias árabes liderabas por Arabia Saudí. Cada cual defendiendo un polo del fundamentalismo islámico: chiitas y suníes. La ONU viendo los toros desde la barrera, aunque eso no fue nunca un problema para EEUU. Obama supo recular, no llegó la sangre el río y no hubo guerra mundial, ni conflicto armado. Todo quedó en revuelta de unos, resuelta con, presuntamente, armas químicas de la autoridad competente y unos cuantos rebeldes que cayeron vencidos. Una especie de guerra fría del islam que promete dar muchos más capítulos de belicismo y conflictos diplomáticos

En el 2013, también hubo lío en las Coreas por un “quítame de ahí esas milicias”. Corea del Norte, la del tirano Kim Jong-un, amenazando devastar Corea del Sur. EEUU, aunque es su aliada la Corea “buena”, que no puede estarse quieto y amenaza con entrar al trapo. Agua de borrajas.

Fue el 2013 en el que Draghi, siguiendo la estela de 2012 (cuando anunció la barra libre, si fuese menester), cogió el toro por los cuernos, de manera repentina, y bajó los tipos de interés a medidas históricas: 0,25%. Inflacionistas vs Deflacionistas en el tatami. Política controvertida, en cualquier caso, de la que tengo una opinión algo difusa.

Fue en el 2013 el año que vi a Quique González en directo. Comprobé que sonaba a músico de verdad. A músico con mayúsculas. A músico auténtico. A “músico de guardia”, como él dice. Estuvo genial, haciendo suyo el folk-rock que nos tiene enamorados, a los que llevamos siguiéndole desde hace tiempo.

Fue el 2013 el de rayar el disco de Sixto Rodríguez y volverse músico de culto. Nick Cave tuvo también mucha presencia en los altavoces.



Ahora que agoniza el año, toca hacer introspección, mirar el balance de frente sin ocultar pérdidas, relativizar y aprender de fracasos (si es que así se los puede llamar), enorgullecerse por los éxitos y afrontar con optimismo el nuevo año que asoma y promete que todo será un poquito mejor.



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