sábado, 26 de septiembre de 2015

MR ROBOT. LA SERIE QUE DEBERÍAS ESTAR VIENDO





"Lo que estoy a punto de decir es alto secreto. Hay un grupo poderoso de personas ahí fuera que secretamente dominan el mundo. Hablo de tipos de los que nadie sabe nada. Tipos que son invisibles. El top 1% del top 1%. Tipos que juegan a ser Dios sin permiso. Y ahora, creo que me están siguiendo"

Con este lapidario prólogo comienza una de las series del año y obra de culto, convertida de manera instantánea. Pero, ¿Qué es Mr Robot?, me dices clavando tu pupila en mi pupila azul. Mr Robot es una cruzada beligerante contra el sistema dominado por la masonería empresarial. El canto de cisne de una sociedad zombie que vaga encorvada mirando una pantalla de móvil, como si cruzar una mirada en el metro formase parte de un protocolo de una época extinguida. La reflexión necesaria e incómoda sobre si el progreso tecnológico y la obsolescencia programada son los dos pilares en los cuales se debe sustentar la evolución humana, tal y como la entendía Darwin. Una crítica despiadada y valiente sobre el estilo de vida de la inmediatez, el aquí y el ahora. Un baile de máscaras donde ejerce de anfitrión la red social de turno, vestidor y tocador donde echar chapa y pintura para ser un algo proyectado de nosotros mismos. Mr Robot es nihilismo y justicia poética cibernética. Pero, Mr Robot,  sobre todo, habla de la angustia que produce la soledad. Y lo cuenta desde una existencia atiborrada de barbitúricos para aguantar el día a día, una atmósfera decadente y el halo apocalíptico de un marco histórico en el que la bolsa y los mercados financieros tienen más cadáveres a cuestas que cualquier Guerra Mundial.






Todo ello aderezado de enésimos guiños a la cultura pop y de un gran homenaje a una de esas películas generacionales, en los albores del siglo XXI, en el que se quemaba, en la hoguera de las vanidades, la sociedad de consumo y de la alienación por culpa de la tele y la publicidad. 

Sí, Mr Robot tiene mucho de "El Club de la Lucha" y de ese escenario hipnótico de revolución social en un sótano donde Brad Pitt quería "romper algo bonito", que no era otra cosa que Jared Leto de rubio platino. Elliot, nuestro protagonista, puede ser el insomne y desencantado Edward Norton que deambula por la vida, mientras sueña sacudir el mundo para salvarlo de sí mismo. Por si cabía alguna duda, del homenaje, que no plagio, de la película de David Fincher, en el final de la primera temporada de Mr Robot, suena a piano el: "Where is my mind?" de The Pixies. Una licencia para dejar claro el tributo a su predecesora. Una delicatessen para los que crecimos adorando a los Pixies, pasando intensos domingos de resaca y desamor con el "Where is my mind?" sonando en los altavoces. 






Como decía, Mr Robot describe la soledad sin cortapisas. La implacable soledad en los tiempos del Tinder y de la inmediatez y accesibilidad comunicativa. La soledad camuflada de incapacidad para la interacción social. Desde su atalaya, las 4 paredes del viejo apartamento, Elliot dormita una vida que se va consumiendo entre carencias afectivas, morfina para aplacar la angustia y la furtiva vida del hacker como refugio ante una realidad que él concibe como de cartón-piedra y de la que no se siente parte.  Elliot renunció hace tiempo a las emociones. Lejos queda cuando aún era adolescente y soñaba ser un chico raso para darse al alcohol primerizo del martini&limón en botellones donde forjar relaciones intrascendentes y aumentar contactos del Messenger. El Síndrome de Diógenes de acumular relaciones vacuas e inertes, del que hace tiempo juró desquitarse. Todo esos recuerdos se perderán como lágrimas en la lluvia.