Amanecí con una extraña sensación de exceso de equipaje de mano. Otra vez la conciencia martilleando.
Al echar una ojeada al reloj, percibí que no todo era como la noche anterior. Aquel antiguo cuco, que aún olía a madera, se había llevado algo de mi, esa misma noche.
Había algo más en aquella habitación: El peso del alma.
De repente, como un acto reflejo, me miré la piel, esas secuelas que jamás se lleva la huella del tiempo, esas marcas de profundas heridas, producidas por el mismo golpe homicida: las manecillas de un reloj.
Aún estaba en duermevela.
La última noche decidí que mi propia felicidad dependería de mi. No habría margen para el escarnio en el costado, para la agonía de malgastar el tiempo. Era mi última noche.Tesitura irreversible. El impacto contundente, insaciable, devastador de mi "enemigo invisible": el tiempo. O, por el contrario, los arrestos de dominar el minutero a golpe de ingenio.
En un acantilado se precipitaban ambos: el paso del tiempo, los arrestos. Les sujetaba sabiendo que la situación cedería ante su propio peso: o salvaba uno o ambos morían en el intento.
Elijah Wood o Macauly Kulkin en "The Good Son"
El sol entraba con fuerza por las persianas aquella mañana. Prometí que sería la última noche.
Nunca lo Fue.
martes, 30 de noviembre de 2010
YO, ROBOT
Existe un fichero en un lugar privilegiado de la mente, cuya jurisprudencia pertenece a la retina, donde se almacenan imágenes, situaciones, momentos. En uno de estos archivadores, de fecha difusa, se encuentra un vídeo de Pink floyd. Desde que ocupa sitio, en ese lugar furtivo entre las sombras, vivo obsesionado con el contenido del mismo.
La rebelión a la fabricación en serie humana, la cruzada más beligerante contra el orden establecido, la disidencia a la mecanización de la persona, el cataclismo de los automatismos en la conducta.
Siempre quise ser uno de esos niños que incendian la idea de ser un producto estándar, una mera comparsa, la voz de su amo, un eco falsificando el grito original.
"Aún recuerdo el estrecho Bigote de Don Ramón..."
Talento,curiosidad, peculiaridad, sensibilidad, rebeldía, términos obsoletos para el ser humano 2.0.
El robot deshumanizado. La máquina competitiva y apocalíptica.
La rebelión a la fabricación en serie humana, la cruzada más beligerante contra el orden establecido, la disidencia a la mecanización de la persona, el cataclismo de los automatismos en la conducta.
Siempre quise ser uno de esos niños que incendian la idea de ser un producto estándar, una mera comparsa, la voz de su amo, un eco falsificando el grito original.
"Aún recuerdo el estrecho Bigote de Don Ramón..."
Talento,curiosidad, peculiaridad, sensibilidad, rebeldía, términos obsoletos para el ser humano 2.0.
El robot deshumanizado. La máquina competitiva y apocalíptica.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Sal en la Herida vs Mentiras Piadosas
La interacción de dos cuerpos, con sentimientos y deseo de por medio, es un universo complejo. A veces, artificial y tramposo.
Aparte de una gran película, Closer es una vivisección del ser humano cuando entra en estado de fusión con otro semejante. Ahonda en ese reverso tenebroso de las relaciones sentimentales. Closer es ese latido acelerado y doloroso que se clava en el pecho, un rugido desalmado, un golpe seco y despiadado a la sien.
Clive Owen y Julia Roberts protagonizan esta escena emblemática, donde Owen pide sinceridad, aunque ésta sea un puñado de zarzas rasgando las entrañas.
Julia Roberts responde avergonzada y con muestras de suciedad interna:
o
Corría el año 90, cuando Joaquín Sabina engendró, quizá, su album más completo e infravalorado: "Mentiras Piadosas", con obras maestras del calibre de: "con la frente marchita", "y si amanece por fin", "el muro de Berlín", "eclipse de mar" y la homónima: "mentiras piadosas". Esta última es toda una declaración de intenciones del genio de Úbeda.
< Y así fué como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir, que ciertos engaños son narcoticos contra el mal de amor...pero ella prefería escuchar Mentiras Piadosas >
El manido cliché de las mentiras piadosas en las despedidas. Un lugar común que nos ayuda a digerir el duro trámite de dar boleto a la otra persona o, siendo el receptor, minimizar daños.
Maneras de vivir, que diría Rosendo...
Aparte de una gran película, Closer es una vivisección del ser humano cuando entra en estado de fusión con otro semejante. Ahonda en ese reverso tenebroso de las relaciones sentimentales. Closer es ese latido acelerado y doloroso que se clava en el pecho, un rugido desalmado, un golpe seco y despiadado a la sien.
Clive Owen y Julia Roberts protagonizan esta escena emblemática, donde Owen pide sinceridad, aunque ésta sea un puñado de zarzas rasgando las entrañas.
Julia Roberts responde avergonzada y con muestras de suciedad interna:
o
Corría el año 90, cuando Joaquín Sabina engendró, quizá, su album más completo e infravalorado: "Mentiras Piadosas", con obras maestras del calibre de: "con la frente marchita", "y si amanece por fin", "el muro de Berlín", "eclipse de mar" y la homónima: "mentiras piadosas". Esta última es toda una declaración de intenciones del genio de Úbeda.
< Y así fué como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir, que ciertos engaños son narcoticos contra el mal de amor...pero ella prefería escuchar Mentiras Piadosas >
El manido cliché de las mentiras piadosas en las despedidas. Un lugar común que nos ayuda a digerir el duro trámite de dar boleto a la otra persona o, siendo el receptor, minimizar daños.
Maneras de vivir, que diría Rosendo...
lunes, 1 de noviembre de 2010
Jose María Gutiérrez "Guti", el talento malgastado
<Lo peor de esta vida es el talento malgastado> le dice Robert de Niro a su hijo en "Una historia del Bronx".
Una de las cosas que más me obsesiona es el despilfarro de recursos, la ociosidad de las capacidades, la ineficiencia productiva. Jose María Gutiérrez "Guti" es el ejemplo personificado de esto.
Probablemente, si hiciésemos un ratio entre productividad y talento del 14 blanco nos quedarían unos números significativos de por qué Guti es más un futbolista de culto que un futbolista que marcará una época.
Si nos desmarcamos de la fría estadística y contextualizamos un poco, podremos hacer un análisis más certero y profundo de este superclase y del por qué de su falta de constancia e intermitencia.
He procurado no buscar argumentos de por qué Guti siempre será el eterno cuestionado, el sospechoso habitual de la grada del Bernabeu, el foco infeccioso de fobias. Supongo que buena parte de esta animadversión es culpa del propio Guti y de sus excesos, con nocturnidad y alevosía. También, soy consciente del rechazo intrínseco del ser humano a lo diferente, a aquello que escapa de la cuadratura de la normalidad. De lo uniforme, lógico y predecible. La mecanización de pensamientos y sentimientos nos atrichera y nos cobija de cualquier riesgo externo. También nos insensibiliza.
En cualquier caso, me parece que a estas alturas buscar motivos es un ejercicio estéril e insustancial. Guti se fue y es justo recordar la impronta que dejó tras su paso, hablo de talento pasado por la depuradora, de taconcitos politicamente incorrectos, de ver huecos donde los demás veían piernas, de pegar pases como si el terreno de juego fuese la mesa de billar de Paul Newman en "el buscavidas". Hablo de elegancia, clase y finura acariciando la pelota. Hablo de arte, tablao flamenco, Vega Sicilia en cristal de bohemia, del Kind of Blue de Miles Davis en el pinchadiscos, del tarro de las esencias destapado.
No puedo ser imparcial, probablemente tampoco justo, la poesía maldita hace revolotear mariposas dentro de esta cochambrosa fachada de la que hago gala, y Guti es, inevitablemente, poesía maldita. Como uno de esos poemas de Bukowski o una de esas obras de David Lynch, locura y genialidad al 50%.
A veces me da por pensar que el fútbol se ha vuelto monótono y prediciblemente aburrido, solo es una brisa pasajera que me incomoda. Entonces, es cuando me acuerdo del talento malgastado, de aquella gran película y De Niro advirtiendo a su hijo...y de Guti haciendomé un guiño con una genialidad.
Para aquellos que están compuestos de una materia prima diferente.
Una de las cosas que más me obsesiona es el despilfarro de recursos, la ociosidad de las capacidades, la ineficiencia productiva. Jose María Gutiérrez "Guti" es el ejemplo personificado de esto.
Probablemente, si hiciésemos un ratio entre productividad y talento del 14 blanco nos quedarían unos números significativos de por qué Guti es más un futbolista de culto que un futbolista que marcará una época.
Si nos desmarcamos de la fría estadística y contextualizamos un poco, podremos hacer un análisis más certero y profundo de este superclase y del por qué de su falta de constancia e intermitencia.
He procurado no buscar argumentos de por qué Guti siempre será el eterno cuestionado, el sospechoso habitual de la grada del Bernabeu, el foco infeccioso de fobias. Supongo que buena parte de esta animadversión es culpa del propio Guti y de sus excesos, con nocturnidad y alevosía. También, soy consciente del rechazo intrínseco del ser humano a lo diferente, a aquello que escapa de la cuadratura de la normalidad. De lo uniforme, lógico y predecible. La mecanización de pensamientos y sentimientos nos atrichera y nos cobija de cualquier riesgo externo. También nos insensibiliza.
En cualquier caso, me parece que a estas alturas buscar motivos es un ejercicio estéril e insustancial. Guti se fue y es justo recordar la impronta que dejó tras su paso, hablo de talento pasado por la depuradora, de taconcitos politicamente incorrectos, de ver huecos donde los demás veían piernas, de pegar pases como si el terreno de juego fuese la mesa de billar de Paul Newman en "el buscavidas". Hablo de elegancia, clase y finura acariciando la pelota. Hablo de arte, tablao flamenco, Vega Sicilia en cristal de bohemia, del Kind of Blue de Miles Davis en el pinchadiscos, del tarro de las esencias destapado.
No puedo ser imparcial, probablemente tampoco justo, la poesía maldita hace revolotear mariposas dentro de esta cochambrosa fachada de la que hago gala, y Guti es, inevitablemente, poesía maldita. Como uno de esos poemas de Bukowski o una de esas obras de David Lynch, locura y genialidad al 50%.
A veces me da por pensar que el fútbol se ha vuelto monótono y prediciblemente aburrido, solo es una brisa pasajera que me incomoda. Entonces, es cuando me acuerdo del talento malgastado, de aquella gran película y De Niro advirtiendo a su hijo...y de Guti haciendomé un guiño con una genialidad.
Para aquellos que están compuestos de una materia prima diferente.
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