viernes, 3 de enero de 2014

MIS 10 PELÍCULAS PREFERIDAS, VISTAS EN 2013 (II)

SHAME (2011) - STEVE MC QUEEN - 




Un apuesto treinteañero que vive en un apartamento de lujo de Manhattan, con una vida sexual muy agitada y un trabajo muy aparente en uno de esos rascacielos de Nueva York. 
Los litros de titanlux de la fachada son un mero holograma para aparentar. Tras la distinguida etiqueta de “beautiful people”, dormita una vida enferma, desprovista de todo trato afectivo más allá de las sábanas. Una tormentosa existencia que degenera entre la fantasía de la pornografía y los incómodos amaneceres con una nueva desconocida con la que mojar el primer café del día. La apatía de cada despertar, con un ave de paso distinta, porque disimular nunca fue un problema.
El apuesto treinteañero no es ningún Grey idealizado por miles de mujeres en el mundo. Es una persona disfuncional que hace tiempo puso frontera con el resto del mundo y su aislamiento lo intenta compensar con el ruido sexual que no cesa en su mente. 
Su castillo de naipes se tambaleará con la repentina aparición de su hermana. Sus demonios se verán expuestos…



AZULCOSCUROCASINEGRO (2006) - DANIEL SÁNCHEZ ARÉVALO -




Si hay un director representativo en mi 2013 es Daniel Sánchez Arévalo. He visto sus cuatro largometrajes y de todos he sacado una sonrisa, la sensación de estar viendo buen cine y ciertos posos de optimismo que contrastan con esa melancolía que rezuma en sus películas. Con esos personajes erráticos que buscan su camino y se trastabillan en el intento.
Quim Gutiérrez es ese ser errático que no para de intentar que las circunstancias no  le sobrepasen. Un luchador con mono de trabajo y título de empresariales. Un titán que no se rinde a pesar de cargar con sus particulares batallas, con un padre enfermo y dependiente y con un hermano que nunca fue de fiar y amenaza darle más peso sobre sus doloridas espaldas.
Azuloscurocasinegro es, a pesar de su premisa, un resquicio al optimismo. Un estado de ánimo que se podría asemejar a un domingo por la noche cuando se ha ido la resaca y afrontas una nueva semana. Una nueva oportunidad para demostrar que lo de comerse el mundo es viable a pesar de lo que digan los indicadores.



PERROS DE PAJA (1971) - SAM PECKINPAH -




Perros de Paja es un experimento psicológico sobre los instintos que afloran de un ser gris y convencional ante las amenazas con devastar todo lo que es suyo.

Un matrimonio que vuelve al pueblo de ella en busca de tranquilidad, un pueblo perdido de la mano de Dios, un Dustin Hoffman con pinta de pardillo que habla de física cuántica mientras obvia el escote de su escultural mujer, una mujer ambigüa que se mueve entre el complejo de Lolita y la provocación y el victimismo por ser objeto de lascivos comentarios y actos que denigran su persona, un matón de pueblo y su grupo de acólitos que no obedecen a la autoridad local y que buscan el deseo carnal de la recién llegada, el tonto del pueblo que además es peligroso para las niñas que corretean, unas ratas que producen verdadero pavor, un climax poco confortable para el descanso de una pareja bien avenida. 
Ingredientes en la búsqueda de los instintos humanos llevados al límite.



MUD (2013) - JEFF NICHOLS - 




Mud es la historia de una especie de Robinson Crusoe al que el desamor le ha pasado factura.
Dos niños descubren a este Anacoreta en su exilio particular, una especie de isla donde alimentar los deseos de juventud y jugar a ser naufrago. Sin embargo, se trata de un convicto con causas perdidas, el corazón hecho trizas y un pasado un tanto pesadumbroso. Y un amor que idealizar al otro lado de la isla. Una chica sospechosa de jugar con el amor.
Los niños se proyectan en su misteriosa existencia de bohemio varado en medio de la nada. Le admiran por la libertad que se deduce de una vida sin los barrotes tecnológicos, convencionales y estereotipados de cualquier lugar llamado mundo. Solo ven inmensidad en la nada, tierra bañada de océano y unos atardeceres que derriten la pupila mientras consiguen la cena en la tranquilidad de las aguas. 

Mud trata de los sueños frustrados y los sueños por conseguir.



MIENTRAS DUERMES (2011) - JAUME BALAGUERÓ -





De sobra es sabido mi apego “sospechoso” a la obra de Hitchcock. Evidentemente le admito un arte pionero en crear tensión y un estilo muy definido que ha inspirado mucho cine negro y de terror.  
De Hitchcock no me apasionó “Vértigo”. Me parece buena, a secas: “La Ventana Indiscreta”. Me aburrió “Rebecca”. Me gustan ciertas cosas de “Extraños en un tren”. Y me gustan  considerablemente: “Los pájaros” y “Psicosis”. Quizá sea un problema de expectativas, porque lo que llevo visionado de él me parece más bien notable, en términos generales, pero el término “sobrevalorado” se me escapa en alguna conversación de barra de bar, inevitablemente. Pero, como decía, le reconozco mucha influencia posterior que se ha alargado en el tiempo de manera inexorable. Y esa influencia la suelo detectar y me suele gustar, independientemente de la película que sea.

Mientras Duermes (no confundir con el engendro de los 90 protagonizado por Sandra Bullock) tiene mucho de Hitchock por la atmósfera creada. Luis Tosar da mucho miedo en su papel de conserje obsesionado con una Marta Etura que, como acostumbra, enamora a la cámara y da angustia verla en un juego enfermizo al que se presta sin saberlo.


“Y los conserjes de noche, cuidan de los hostales…”, canta Quique González.




jueves, 2 de enero de 2014

MIS 10 PELÍCULAS PREFERIDAS, VISTAS EN EL 2013 (I)

PRISIONERS (2013)  - DENIS VILLENEUVE -





Prisioners es el reverso humano. La herida con la costra levantada. La expresión trasnochada de un  colosal Hugh Jackman. Sus ojeras por horas de sueño ocupadas en el drama. Su gesto contenido en el que se percibe que dentro de él suena roto. Sus instintos llevados al límite.
Nadie había descrito la desesperación humana como William Golding en “El señor de las Moscas”. Esa desesperación a flor de piel es por la que vaga Prisioners, traspasando una oscuridad lírica, hermosa. Una oscuridad humana, al fin y al cabo.
Jackman recuerda aquel Sean Penn, en Mystic River, capaz de todo, desprovisto de toda ética con tal de culpabilizar y castigar al causante de su dolor.
Prisioners es, también, un poco del “Zodiac” de Fincher. Una de esas, incompresiblemente, infravaloradas que a medida que transcurre el tiempo toma conciencia de obra de culto.



TROPA DE ÉLITE 2 (2009) - JOSÉ PADILHA - 




“Segundas partes nunca fueron buenas”, acervo popular caricaturizado en Scream 2 cuando se debate entre un grupo de cinéfilos la premisa convertida en dogma para puristas.
Tropa de Élite desmonta esta teoría. La primera es brutal, salvaje,  hiperrealismo en estado puro que habla de cómo una milicia especial salva guarda las favelas con el ojo por ojo diente por diente, sin importar el código de buen gobierno policial o la ética que censura el abuso de poder.
Tropa de Élite 2 tiene lo mejor de dos barrios muy conocidos por los seriéfilos: Farmington y Baltimore. Es el Farmington de “The Shield” por la corrupción policial con narcos en nómina y con botines de delincuentes con placa. Es el Baltimore de “The Wire” por la burocracia, los intereses de campaña, el sistema flaqueando ante el poderoso Don Dinero, las grandes esferas institucionales salpicadas.
Tropa de Élite 2 mira con cierta distancia a su predecesora, aunque  también se trate de una obra mayor que merece infinito reconocimiento.



BLUE VALENTINE (2010) - DEREK CIANFRANCE -





Pensamos en el amor como el sol naciente, el esplendor en la hierba, el rayo que no cesa, el canto del cisne, los días de vino y rosas, aquellas miradas adolescentes que se reflejan en los ojos del otro, la aceleración de las constantes vitales. La industria cinematográfica y la literatura suelen olvidarse del reverso de la moneda. El sueño americano y la influencia del cantar de gesta, supongo.
Ryan Gosling y Michelle Williams son un matrimonio en horas bajas. La decadencia de su relación se palpa en cada gesto compartido. La pasión de ayer, es hoy un solar donde solo queda costumbrismo. La inercia y la rutina han tomado aquel fuego de los primeros encuentros. Ahora hay un “nosotros” fragmentado, desagregado, descosido. Ese “nosotros” son dos partículas independientes, unidas por la legalidad y lo cotidiano y separadas por la fría física. Pero, claro, no suele haber simetría en la depreciación de dos semejantes.
Ryan Gosling no ha bajado los brazos. Se empecina en salvar los muebles, acude a la canción que apadrinó los primeros besos. Un blues de los que enamoran.
Michelle Williams, a su vez, empieza a detestar el baile de máscaras que es su matrimonio. Aborrece su vida y cualquier vínculo vital de la misma. Sus dedos están apagados al contacto con la otra piel. Y se empieza a preguntar aquello que hace saltar todas las alarmas: “Y si hubiese tomado este otro camino, ¿qué sería de mí?”. 
Pero, ¿en qué momento se jodió todo?, ¿en qué momento el microclima idealizado se tornó un transcurrir de días sin emociones, sin vértigo, sin nudo en el estómago?



ONE, TWO, THREE (1961) - BILLY WILDER –





En la España profunda, el cine más comercial pertenecía a la comedia, a pesar de Berlanga y Buñuel. La comedia de los José Luis López Vázquez, Paco Martínez Soria, Antonio Ozores, Fernando Esteso, Alfredo Landa, Andrés Pajares, Tony Leblanc. Grandes precursores de la llamada “época del destape”, con esas vedette del séptimo arte: Carmen Sevilla o Sara Montiel. Monumentales mujeres que compartían plano con el prototipo de hombre torpe, poco agraciado, pero enternecedor, que tenía  un carisma extraño, difícil de explicar. En cualquier caso, encantador. Capaz de propiciar una situación estrambótica y salir airoso de ella. Ese hombre normal y gris que conquista tantas ciudades y mujeres se ponga a su paso. Ese halo de perdedor con hechuras de dandy trasnochado, dotes seductoras un tanto anticuadas y que cae en el paletismo de la época, la copa de coñac y puro de sobremesa, encandilando a alemanas en Benidorm o a chicas de la Cruz Roja. En definitiva,  Julio Iglesias o Bertín Osborne, antes de Julio Iglesias o Bertín Osborne.
Al otro lado del charco, existía otro tipo de comedia en la que el perdedor se ponía el mundo por montera en un acto de fé y un guiño de buena suerte. Billy Wilder encarnaba a este bufón de una manera única y sutil, sin la caspa de la comedia española. Jack Lemmon solía llamarse. Aparte de este tipo de comedia, Wilder tenía un amplísimo registro con su particular sentido del humor como denominador común.
En One, Two, Three, se mete en camisas de once varas por la época convulsa en la que se trataba. Caricaturiza la Guerra Fría.
Un director de Coca-cola en la Alemania Occidental, una niña de papá que no entiende de Guerras Frías ni status quo, un novio pro-soviético que choca contra los intereses del padre de la criatura. Los ideales intentando anteponerse al Imperio del capital. Un cóctel molotov. Otra obra maestra de Don Billy Wilder.



PERSIGUIENDO A AMY (1997) - KEVIN SMITH - 








Perseguir a Amy es una metáfora sobre perseguir el amor platónico con toda la idealización que ello requiere. Perseguir a Amy es pretender que la mujer amada sea arcilla y querer moldearle a sus anchas. Perseguir a Amy es no aceptar las reglas del juego. No aceptar que todos tenemos un pasado con otras personas con las cuales hemos compartido lecho, alcoba y hasta cepillo de dientes. No aceptar las reglas del juego es pretender ser todas las relaciones fallidas, o todas las relaciones que calan hondo,  el despertar y la experimentación sexual, los royos de una sola noche con garrafón de por medio en bares de Malasaña, las salas de cine con caricias clandestinas, las cenas para dos, las risas contagiadas, las largas esperas porque no sé nada de ella y son más de las 10, las discusiones absurdas e inevitables que entran dentro del contrato de “más que amigos”. No aceptar las reglas del juego es esperar ser exclusivo, entendiendo la exclusividad como si estuviera solo limitada al presente, obviando el pasado. Obviar que hubo otros exclusivos, otros que llegaron pero no consiguieron quedarse, u otros que simplemente fueron papel mojado, personas de transición, aves de paso; pero también fueron bagaje y construyeron una base empírica de la que el “exclusivo” reniega, pretendiendo hacer borrón y cuenta nueva. Perseguir a Amy es pretender abarcarlo todo, y auto engañarse en el intento, porque todos tenemos un pasado, con más o con menos cadáveres en el maletero. Perseguir a Amy es idealizarle y exigirle que responda a esos cánones de cuento de hadas. Y no aceptar las reglas del juego.