miércoles, 30 de diciembre de 2015

2015. BALANCE DE PÉRDIDAS Y GANANCIAS.


DEPORTISTA DEL AÑO



STEPHEN CURRY. 



Magia al infinitesimal que parece no se va a quedar en el sueño de una noche de verano, cuando logró el anillo ante Lebron. Curry ya ha cogido el editor de texto de los libros de historia de la NBA y tiene ganas de garabatear su firma.


Spoiler: Su destino son vitrinas llenas y laureles reverdecidos cada temporada.










PELÍCULA DEL AÑO

WHIPLASH. 


Talento estimulado desde la obsesión. Sudor mezclado con sangre. Violencia emocional. Baquetas vertiginosas hacia un sueño. La versión Jazz de la genial obra de Darren Aronofsky: "El Cisne Negro". JK Simmons. Charlie Parker y su malograda historia como inspiración.




SERIE DEL AÑO

MR. ROBOT. 


Nihilismo, revolución underground desde las sombras de la tecnología, homenaje a "El Club de la Lucha", subversión a la élite empresarial y los principios del neoliberalismo. Pero sobre todo, Mr Robot es un genial retrato sobre la soledad y los demonios internos. 





DISCO DEL AÑO

- Let the good Times Roll - JD McPershon 






DISCO QUE MÁS VECES HA SONADO EN MIS CASCOS
- Modo Avión - Lichis. 



DISCO QUE COGIÓ EL DELOREAN Y AMANECIÓ EN 2015, TRAS UN LARGO DEAMBULAR POR EL DESIERTO EN FORMA DE OLVIDO.

- Tourism - (1992) Roxette. 
Uno de mis discos adolescentes. Infavalorado como pocos por culpa de la intensita y edulcorada "It Must have been Love". 



MOMENTO DEL AÑO

La épica victoria de España contra Francia en las semifinales del Eurobasket. En territorio comanche, y ante todo pronóstico, con un Pau Gasol que pactó con el Diablo para dar su mejor versión con 35 primaveras a cuestas. 



FOTOGRAFÍA DEL AÑO 












FRASE DEL AÑO

"Qué el Del Bosquismo se lo vendan a otros" de mi gran amigo Ángel Stinson. 


PERSONAJE QUE SE LLEVÓ EL 2015


Javier Krahe. Genio con fotofobia a los focos, vértigo a la fama y ateísmo fundamentalista hacia el negocio de las radiofórmulas de las grandes discográficas. Poesía, guitarra, sátira, música de autor de local de culto o vagón de metro. 




  • PROPÓSITO CUMPLIDO 

Ser Feliz, un año más. A veces, a pesar de las circunstancias. Vaciar la mochila emocional de lastre. 

  • PROPÓSITO A CUMPLIR EN EL 2016 

Seguir sumando éxitos y fracasos, incrementar el bagaje. Saborear lo primero, aprender de lo segundo. 

  • ARTÍCULO DEL AÑO 
"La Cultura Pop está destrozando nuestra vida" GQ Revista. 

La Cultura Pop nace, crece, se reproduce y muere en nosotros. 





Bonustrack: "Nacidos en el 1985: Nos educaron para un mundo que ya no existe" 

Generación del 85, los niños perdidos de Nunca Jamás. La brecha generacional entre lo analógico y lo virtual. Ensayo antropológico sobre los de mi quinta y aquellos sueños robados por la Gran Recesión. 






  • HALLAZGOS / SENTIMIENTOS ENCONTRADOS. 

Los Mambo Jambo y esos saxos de los que caen toneladas de rock & roll. Kurt Baker, mucha clase. Quique González gana en acústico y en el minimalismo del escenario de un pub. En esta caso, Sala Galileo. El mejor concierto hasta la fecha. 





"Yo, él y Raquel". O cómo NO hacer otra estúpida comedia indie americana. Sensibilidad, humor inteligente y mucha lírica. 

Michael Keaton haciendo de sí mismo en "Birdman". 

Que la decadencia puede ser una transición larga y llena de talento. A la vejez, Woody Allen. 

"Mad Max. Furia en la Carretera". El extraño caso de un Blouckbuster que es buena película. El extraño caso de un remake que mejora la original. Tom Hardy, Charlize Theron, estética apocalíptica, polvo levantado, vísceras sobre el asfalto, fuego cruzado, tubos de escape rugiendo y un trasfondo que atenta contra el sistema patriarcal imperante. 

Descubrir "Blade Runner", tras verla por primera vez 10 años atrás. 

Ver por primera vez "Alien, el octavo pasajero". La segunda mejor obra de Ridley Scott, la primera está justo arriba. 


La prometedora zurda de Marco Asensio. El baloncesto de patio de colegio del teenager Luka Doncic. El todoterreno Donte Green, ¿han cantado Scottie Pippen en la mesa número 2?. 


El definitivo despertar de la conciencia social y la capacidad crítica hacia la política tradicional. El último tomo de la obra completa que empezó aquellos días del 2011, que llamaron 
15-M. 





  • COSAS PRESCINDIBLES DEL 2015 
El cuñadismo y la todología del español medio. Saber de todo, opinar de todo. Creerse con la capacidad de poder arreglar el mundo desde la barra del bar. Podemos, el yihadismo, el Madrid de Benítez...los temas preferidos en los tiempos ociosos y los cuellos de botella de la oficina. 


Las colas del Primark, haciendo patente lo que decía Albert Camus: "la estupidez insiste". 


La frase "Todo pasa por algo", como día de la marmota para explicar o justificar cualquier cuestión acontecida. Tótem del existencialismo moderno. 


El palo-selfie como elemento de la vanidad reinante. 


La segunda temporada de "True Detective". O cómo mancillar el nombre de una Obra Magna y referente de la Cultura Pop de los últimos tiempos. 





  • PLAYLIST DEL AÑO (aunque sean de otros años)

1. "Chicken on the Bone" MFC Chicken 

2. "Prefiero Bailar" La Casa Azul 

3. "No te arrepientas" Quique González 

4. "No Action" Kitty, Daisy & Lewis 

5. "Un Santo Varón" Alberto Pérez 

6. "Don't go falling in Love" Kurt Baker 

7. "Horizonte Eléctrico" Los Deltonos 

8. "Hot Guindillas" Mambo Jambo 

9. "Let the good Times Roll" JD McPershon 

10. "Louise" The Deslondes 

11. "Labor of Love" The Connection 

12. "Discos de Antes" Los Secretos 

13. "Insane" The Dragtones 

14. "Here comes the weekend" Roxette 

15. "Primera vez" Second 

16. "Tal vez Buenos Aires" Lichis 

17. "Tough Love" Nick Curran & The Lowlifes 

18. "Motorway" Anni B. Sweet 

19. "It's still saturday night" The Hi-Risers 

20. "Big Chef" The Limboos 

21. "Sound & Colour" Alabama Shakes 

22. "Todo se transforma" Jorge Drexler 

23. "Inside out your mind" The Loons 

24. "El duendecillo verde" Los Planetas 

25. "Hot Dog" Mike Sánchez 







YO SOBREVIVÍ AL 2015. 







sábado, 26 de septiembre de 2015

MR ROBOT. LA SERIE QUE DEBERÍAS ESTAR VIENDO





"Lo que estoy a punto de decir es alto secreto. Hay un grupo poderoso de personas ahí fuera que secretamente dominan el mundo. Hablo de tipos de los que nadie sabe nada. Tipos que son invisibles. El top 1% del top 1%. Tipos que juegan a ser Dios sin permiso. Y ahora, creo que me están siguiendo"

Con este lapidario prólogo comienza una de las series del año y obra de culto, convertida de manera instantánea. Pero, ¿Qué es Mr Robot?, me dices clavando tu pupila en mi pupila azul. Mr Robot es una cruzada beligerante contra el sistema dominado por la masonería empresarial. El canto de cisne de una sociedad zombie que vaga encorvada mirando una pantalla de móvil, como si cruzar una mirada en el metro formase parte de un protocolo de una época extinguida. La reflexión necesaria e incómoda sobre si el progreso tecnológico y la obsolescencia programada son los dos pilares en los cuales se debe sustentar la evolución humana, tal y como la entendía Darwin. Una crítica despiadada y valiente sobre el estilo de vida de la inmediatez, el aquí y el ahora. Un baile de máscaras donde ejerce de anfitrión la red social de turno, vestidor y tocador donde echar chapa y pintura para ser un algo proyectado de nosotros mismos. Mr Robot es nihilismo y justicia poética cibernética. Pero, Mr Robot,  sobre todo, habla de la angustia que produce la soledad. Y lo cuenta desde una existencia atiborrada de barbitúricos para aguantar el día a día, una atmósfera decadente y el halo apocalíptico de un marco histórico en el que la bolsa y los mercados financieros tienen más cadáveres a cuestas que cualquier Guerra Mundial.






Todo ello aderezado de enésimos guiños a la cultura pop y de un gran homenaje a una de esas películas generacionales, en los albores del siglo XXI, en el que se quemaba, en la hoguera de las vanidades, la sociedad de consumo y de la alienación por culpa de la tele y la publicidad. 

Sí, Mr Robot tiene mucho de "El Club de la Lucha" y de ese escenario hipnótico de revolución social en un sótano donde Brad Pitt quería "romper algo bonito", que no era otra cosa que Jared Leto de rubio platino. Elliot, nuestro protagonista, puede ser el insomne y desencantado Edward Norton que deambula por la vida, mientras sueña sacudir el mundo para salvarlo de sí mismo. Por si cabía alguna duda, del homenaje, que no plagio, de la película de David Fincher, en el final de la primera temporada de Mr Robot, suena a piano el: "Where is my mind?" de The Pixies. Una licencia para dejar claro el tributo a su predecesora. Una delicatessen para los que crecimos adorando a los Pixies, pasando intensos domingos de resaca y desamor con el "Where is my mind?" sonando en los altavoces. 






Como decía, Mr Robot describe la soledad sin cortapisas. La implacable soledad en los tiempos del Tinder y de la inmediatez y accesibilidad comunicativa. La soledad camuflada de incapacidad para la interacción social. Desde su atalaya, las 4 paredes del viejo apartamento, Elliot dormita una vida que se va consumiendo entre carencias afectivas, morfina para aplacar la angustia y la furtiva vida del hacker como refugio ante una realidad que él concibe como de cartón-piedra y de la que no se siente parte.  Elliot renunció hace tiempo a las emociones. Lejos queda cuando aún era adolescente y soñaba ser un chico raso para darse al alcohol primerizo del martini&limón en botellones donde forjar relaciones intrascendentes y aumentar contactos del Messenger. El Síndrome de Diógenes de acumular relaciones vacuas e inertes, del que hace tiempo juró desquitarse. Todo esos recuerdos se perderán como lágrimas en la lluvia.








viernes, 31 de julio de 2015

EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES




"Los años de papel te vuelven a cegar, como a Norma Desmond en Sunset Boulevard..." Javier Álvarez. 

Para un chico que le cogió la pubertad a mediados de los 90, escuchar Javier Álvarez, en tiempos de los Backstreet Boys y las Spice Girls, era algo así como que tu Beatle favorito fuese George Harrison. Para aquellos 11 años, la canción de Javier Álvarez no era más que un estribillo, en una cinta TDK de 60, que sonaba en un walkman. Demasiada inocencia como para saber que la canción homónima hablaba de la película "Sunset Boulevard" ("El crepúsculo de los Dioses", título en español), una de las grandes obras de arte del maestro Billy Wilder. Su protagonista, Norma Desmond, era una leyenda del celuloide, ajada y destartalada, víctima de su propio recuerdo como estrella de Hollywood. Había sido Audrey Herpburn antes de Audrey Herpburn. Un juguete roto devorado por la gran industria del Sueño Americano. El retrato de la repentina decadencia, que viene, sin avisar, cuando aún quedan posos de delirios de grandeza, papel cuché, calor de los focos y tacones caros sobre la alfombra roja. Pero el confeti se había convertido en celofán. Tras la Belle Epoque, solo el recuerdo, en constantes revisiones, y pañuelos llenos de lágrimas con rimel esparcidos en su vieja filmoteca. Norma Desmond había parado el reloj en los días de vino y rosas, pero la arena seguía cayendo y la montaña era ya lo suficientemente grande como para intuir que el dorado quedaba, lejos, en momentos pretéritos. Creerse chica de portada de magazine del New York Times, cuando la huella del tiempo lo ha devastado todo. Pobre Norma Desmond.


                                  


Iker Casillas siempre tuvo la imagen del yerno perfecto. El hombre a quien toda chica quisiese llevar en la cena de Nochebuena, durante los primeros compases de la relación. Durante años gozó de muy buena prensa y de poca leyenda negra, más allá de aquellos meses agitados de 2002 en los que, dicen las malas lenguas, compartía juergas trasnochadas con un Chava Jiménez en fase autodestructiva. Aquello le costó la titularidad, devuelta en el momento más agónico de la novena Champions League. La de Glasgow. La de Zidane. La de Casillas haciendo imposibles en la línea de gol. Desde entonces, una carrera meteórica encumbrada por unos reflejos descomunales que tapaban ciertas carencias que nunca le impidieron reinar en la empresa de los tres palos. Nunca fue bien por arriba. Nunca fue un portero de dar tres pasos hacia delante, en línea de gol, para subir la defensa, achicando espacios. Nunca dominó el área. Iker entendía la profesión, apostándolo todo a sus impresionantes reflejos. Iker era un claro ejemplo de la ventaja competitiva de Porter, basada en la especialización para competir.
El run run de Buffon, portero más completo pretendido por Florentino, le acompañó durante algún que otro verano. Así como, según cierta trastienda de la prensa, la querencia de Capello por un portero de mayor envergadura que dominase el área, como era el caso de un jóven Diego López, sempiterno portero del filial y segundo de Casillas, por aquel 2006/2007. Iker superó ambas tendencias. Su carrera tuvo pocos sobresaltos más, hasta "el Mourinhismo ilustrado" de finales de 2012.



Hace pocas semanas vi a Iker Casillas despedirse del Madrid en un vodevil perpetrado por la grada noble del Bernabeu. Florentino, tras años de desapego y deterioro en las relaciones con el gran capitán, montó uno de esos sainetes, tan comunes en él. Como Norma Desmond en "Sunset Boulevard", bajando las escaleras de su gran mansión ante una prensa que le rendía un cínico último tributo, Casillas se expuso delante de los focos por última vez. Un mito caído que mereció otro final. Se fue como llegó, con el halo de un tipo corriente de los que esconden el duende y lo lucen cuando deben, cuando procede. Nunca dio la impresión de querer parecer una rock & roll star. Ni se le puede acusar de haber enterrado el mito en una habitación de hotel con barbitúricos y el vaso de bourbon sellado con pintalabios, style Marilyn. Difícil situación para un ciudadano raso de Móstoles, en un país de desmemoriados, donde las encuestas dicen que si se bajan los impuestos en campaña, se olvidará toda política patriarcal dispuesta a contentar al IBEX-35, "el IV reich, el de la austeridad" y a la cadena de mando del tejido empresarial. Paradigmático simil. La amnesia emocional patria no entiende de ninguna Norma Desmond llenando de colillas el cenicero, mientras ve la vida pasar desde la atalaya de la vieja filmoteca. Los paripés para contentar a casi nadie son "bruma en la Castellana", como aquella canción de Ariel Rot. Demasiados cadáveres enterrados en el jardín de Florentino. Demasiadas cáscaras de pipas en el graderío. Mucho Mourinhista de festejo. Tiempos difíciles para declarse madridista sin que el orgullo se resienta.


lunes, 5 de enero de 2015

MIS 10 SERIES/PELÍCULAS DEL 2014 (II)

NEBRASKA. (Alexander Payne)


Nebraska, aparte de un discazo ochentero de Bruce Springsteen, es una road movie con tono melancólico. Un octogenario cuya vida ha sido una sucesión de bares, rutina encerrada en un pueblo de la América profunda y compañías interesadas. Las ganas por vivir y perseguir un sueño le vienen tardíamente, en el ocaso de su errática vida. Se niega a entregar la cuchara sin haber gastado un último cartucho que le saque de la sensación de fracaso y apatía que le ha perpetuado hasta la fecha. El alzheimer, la salud bajo mínimos y la longeva edad no serán impedimento para cumplir su último deseo.

Espectacular fotografía en blanco y negro, guión corrosivo, BSO con esa mezcla de folk y country propia de los áridos pero hermosos paisajes Texanos y un reparto más que acertado.
Sensibilidad sin efectismos, ni melodrama, que recuerda a "The Staight Story" la obra con la que David Lynch demostró que puede hacer cosas distintas al sentido onírico de sus creaciones marca de la casa. No apta para el típico espectador que siempre está esperando que pase algo.






STOCKHOLM. (Rodrigo Sorogoyen)


Sábado noche. En alguna zona de copas de Madrid. Chico se acerca a chica con alguna frase arriesgada para romper el hielo. La chica muestra ese deje inequívoco de que la persuasión es un protocolo necesario de cortejo. Las reglas del juego suelen ser siempre las mismas y son conocidas y aceptadas tácitamente por los dos sujetos: el activo y el pasivo. Él, mostrando empeño. Ella, invitándole a un flirteo que ella no va a empezar. La aversión al riesgo, intrínseco en la idiosincrasia femenina. La necesidad de poseer del macho no es solo cosa de documentales de la 2 que ver en madrugadas de insomnio.
Dice un experto, Don Draper, que el 90% de la seducción consiste en escuchar. No parece que esa premisa esté hecha para el tonteo con luces de discoteca. Es difícil hablar de algo que no sea banal y desinteresado cuando suena esa música que nunca llevarías en el walkman y ves esas caras vampíricas de necesitar un beso redentor de una desconocida o un penúltimo Dyc-cola. Mostrar cierto empeño contenido es la clave para acabar tomando churros y deshaciendo la cama con la chica, que juguetea con la pajita del ron cola, mientras intentas decir algo que suene ingenioso en la sordera ambiente del lugar. La candidez para ellas.

Stockholm es mucho más que una radiografía sobre el tira y afloja de la seducción. Stockholm es el baile de máscaras en la temeridad del sábado noche. La trastienda del escaparate de amor efímero en cualquier zona de copas donde quemar el fin de semana. 
Una maravilla con presupuesto de película de serie B de los 80, financiada por crowdfunding. Un proyecto minimalista que no descubre nada, pero que lo cuenta de una manera brillante.








EL LOBO DE WALL STREET. (Martín Scorsese)


Divertidísima. Desmesurada. Excesiva. Desmadrada. El mismo Scorsese de Casino y Godfellas. Misma estructura, voz en off del protagonista narrando hechos pretéritos sobre su subida a los alteres y posterior descenso a los infiernos, el hilarante compinche del protagonista (Jonah Hill ha tomado el testigo de Joe Pesci, 20 años después) y el concepto de "conseguidor" como base argumental. Aparte de su gran vistosidad, un reclamo para el gran público, El Lobo de Wall Street es una sátira muy afilada sobre la tendencia, que empezó en los 80, de priorizar la economía financiera respecto la economía real. Neo-liberalismo basado en pelotazos, burbujas, especulaciones y métodos ponzis, con la complicidad de Wall Street. El "todo vale" de las finanzas.

Di Caprio está superlativo. El mejor papel de su carrera hasta la fecha. Scorsese siempre saca lo mejor de él. Está con el tono de la película, excesivo, histriónico, pasado de revoluciones. Creo que hay una injusticia muy grande en la apreciación de Di Caprio, en la apología del cliché: "Antes parecía un mal actor y ahora muy bueno". Una seria laguna en la memoria colectiva que le hace parecer un actor reinventado. Y yo creo que no es así, que siempre ha sido un actor como la copa de un pino. Es cierto que ha ido a mayores, siendo cada vez mejor actor (cosa absolutamente normal). Titanic siempre será su sino, su asociación a un cubo de palomitas y a ser portada habitual de Super Pop de mediados de los 90. Pero antes de Titanic, había estado excepcional en "Diario de un Rebelde", "Vida de este chico" y en "¿Quién conoce a Gilbert Grapes?". En las películas posteriores, como toda superestrella de alfombra roja, tiene de todo, cosas buenas y cosas malas (más lo primero que lo segundo), pero si se hiciese un análisis frío quedaría la impresión que Di Caprio es un buen actor con una carrera muy regular y solvente.

En cuanto a Scorsese, creo que tiene el mismo don que Tarantino. Sus películas, ante todo, son vehículos de entretenimiento, pero además, muchas de ellas, son obras de culto y películas maravillosas, que trascienden en la memoria. Es muy jodido abarcar target y tener cierto misticismo en las obras. Más difícil que hacer el Haneke, el Lynch, el Von Trier, el Jeff Nichols, el Wes Anderson, o el Steve Mc Queen, por muy personales y calado gafapastil que tengan sus obras (y no lo digo criticando, que todos los mencionados, quien más y quien menos, me gustan y alguno me fascina). Hacer un producto de calidad y para todo tipo de público, pienso, es lo más difícil de realizar en esto del cine.









MAGICAL GIRL. (Carlos Vermut)


Magical Girl es un puñetazo en el estómago. Lo que empieza con tintes de fábula entre unos protagonistas apesadumbrados, se torna en un cuento de horror. La manera como dosifica, Carlos Vermut (director al que hay que atar en corto), la información sobre los personajes es la gran clave para que el puzzle vaya encajando progresivamente. Mucha influencia de Álex de la Iglesia, con un tono menos sátiro y más noir. José Sacristán demostrando que puede ser rescatado para el cine de autor, bordando un papel muy sórdido, el cual, hasta bien entrada la película, desconocemos casi todo y no sabemos los entresijos que guarda bajo esa mirada de haber sobrevivido a tres generaciones de actores españoles.

Magical Girl es una delicia para paladares hechos a prueba de bombas. Escarnio intravenoso que resulta ser una pequeña gran joya.







BOYHOOD. (Richard Linklater)


Boyhood es cine experimental que toma cuerpo de cine indie. Linklater, responsable de la genial trilogía de "Antes del Amanecer/Atardecer/Anochecer", crea un retrato familiar a lo largo de 12 años, en tiempo real, en los que queda patente la evolución de cada uno de los personajes y de sus relaciones dentro del núcleo familiar. Narrado en los ojos de un niño, que va creciendo y topándose con los primeros amores, los primeros desengaños, los caminos que se bifurcan cuando hay que elegir entre la vocación o lo pragmático, la relación con sus semejantes.
La arena del tiempo, la única variable irreversible, que pasa inmisericorde y que supone distintos momentos, según el reloj biológico. La pérdida de la inocencia, las primeras cervezas a hurtadillas, los sentimientos a flor de piel que parece que durarán siempre, buscarte las habichuelas sin la burbuja protectora materna, los amigos que van y vienen, las decepciones, la inseguridad. El resto de la familia no es inmune al paso del tiempo, las arrugas empiezan a ser difíciles de ocultar, las relaciones evolucionan al conformismo por puro desgaste o se resignan a una soledad que empieza a oler a crepúsculo, cuando uno se percata que el camino recorrido es mayor que el que se presume queda por recorrer. La inmortalidad de Drácula y el elixir de la eterna juventud de Peter Pan, la obsesión de la literatura por llegar donde nunca ha llegado el hombre. Siempre quedará la frase de marras que reza el trillado "Carpe Diem": - Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela. Esa rosa que hoy contempláis, mañana estará muerta -.

Una propuesta muy arriesgada y tremendamente interesante para la antropología humana y el estudio darwinista de las relaciones familiares a lo largo de los años. Boyhood es una epopeya de la vida.





martes, 30 de diciembre de 2014

MIS 10 SERIES/PELÍCULAS DEL 2014 (I)

FARGO. (Noah Hawley)


Teoría del caos. El aleteo de una mariposa que puede desembocar en un tsunami de indetectables consecuencias. La historia de un perdedor cuya vida se despeña por el barranco de las frustraciones. Frustraciones acuñadas por el recuerdo imborrable de los abusos sufridos en el instituto, un trabajo que detesta, un hermano por el que dudar si la teoría de Mendel es válida y una esposa que le ningunea y le recuerda que siempre fue lo que apuntaba en su tierna adolescencia: la crónica de un fracaso anunciado.
La premisa cambia cuando entra a escena un genial Billy Bob Thorton, en uno de esos papeles de “anti-tipo duro”, pero que hiela la sangre con una mirada, tan bien trazados por el mundo Coen.
Fargo es la demostración que el efecto dominó puede ser devastador en sucesos, a priori, independientes entre sí y que guardan poca relación. La teoría del caos, como decía. Fargo cuenta cómo, cambiando las condiciones y las circunstancias, ese ser gris, indetectable para los cánones de éxito del siempre exigente estatus quo, puede ponerse el mundo por Montera y dejar atrás ese halo de perdedor que huele a kilómetros, como colonia barata. Dejar atrás ese estigma de bufón amedrentado por las circunstancias, elegidas por la inercia de la frustración o impuestas por la arbitrariedad del ser humano. Fargo es, también, una nueva oportunidad para redimirse de la mediocridad en la que estaba encallada una vida insustancial.
Mucho humor negro, mucho Billy Bob Thorton (probablemente, el mejor papel de su carrera) y mucho Martin Freeman (brillante hallazgo), muchas situaciones bizarras, mucha tragicomedia griega, mucho esperpento que luce y tiene su razón de ser en esa atmósfera Coen, donde el perdedor y lo histriónico son los grandes pilares que sustentan la historia. Como ingrediente adicional, y reclamo, la participación, como secundario de lujo, del genial Saul Goodman (Robert John Odenkirk) de Breaking Bad.





TRUE DETECTIVE. (Nic Pizzolatto)


Un thriller policiaco es la excusa perfecta para hablar de nihilismo, desencanto, evolución humana, con sus heridas inherentes, que no cicatrizan, a lo largo del tiempo.
Entre los juncos y el fango, de Louisiana, hay vida inerte. Una historia espeluznante esperando ser descubierta. - El horror - que diría el Coronel Kurtz, encarnado por un Marlon Brando, en horas bajas. Tras el misterio se halla una pareja antológica, que se complementa gracias al pragmatismo de uno y la eterna divagación del otro. 
Parece que cuenta algo que ya hemos visto, pero aquí no tenemos a Morgan Freeman y Brad Pitt buscando los 7 pecados capitales en correspondientes crímenes, ni a Kevin Spacey como psicópata “cum laude”, con el pulso de Fincher dirigiendo los hilos. 
Se produce el doctorado de Matthew Mc Conaghey. La confirmación de lo que venía apuntando en “Mud“, “Dallas Buyers Club” y el cameo de “El Lobo de Wall Street”. Woody Harrelson está a la altura de las circunstancias, demostrando que su problema, a lo largo de su carrera, han sido las dudosa elección de los papeles más que el potencial que atesora. Otro infravalorado.

True Detective se ha convertido en un clásico de culto inmediato para paladares exigentes y gourmet de atmósfera decadente, fotografía con tonos oscuros y guiones que necesitan digestión pausada, con brandy y siesta. Dejando los posos que solo dejan las historias fascinantes.




LA ISLA MÍNIMA. (Alberto Rodríguez)


Mucho se habló de su paralelismo con True Detective. En cualquier caso, casual, porque el rodaje se produjo antes que viera la luz la obra magna de HBO. 
Las similitudes existen y tienen como denominador común muchas de las cosas que enamoraron de True Detective. 
Las marismas del Guadalquivir son, esta vez, las que guardan secretos y donde se mezcla el marco incomparable y el escenario más inquietante. Como en Seven o True Detective, los dos agentes de la ley son la noche y el día. Uno está de vuelta de todo y no cree en la rendición de sus malas decisiones. El otro es el policia académico y riguroso, un melón aún por abrir. Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo, tradicionalmente desempeñados en la comedia, se reciclan meritoriamente, dando poderío a una historia de cadáveres, coyunturas políticas y viejos fantasmas en la España profunda. Tiempos, aún confusos, de transición y de andar un poco a la deriva.   
Posiblemente, la mejor película española de la última década. 




BLACK MIRROR. (Charlie Brooker)


Imagina a Don Draper dejando, por un momento, el traje, la pitillera, el whisky y las faldas ajenas a su matrimonio.  Imagina que, en vez de la música de Charlie Parker y la estética de los 50, Don Draper pasa a formar parte del oscuro retrato de una sociedad alienada por la tecnología, por el progreso mal digerido. Black Mirror da mucho nivel con la aparición de Jon Hamm, ese involvidable Don Draper de Mad Men, en el especial de navidad, primer episodio de los tres que se darán en la tercera temporada.
Black Mirror lleva tres temporadas proponiendo varias aristas de una misma cara, una sociedad que se asemeja al “1984” de George Orwell. En esta ocasión, no es el “Gran Hermano” de Orwell, o la tiranía del hombre, lo que somete a una civilización, sino la tecnología, el mundo virtual que tantas facilidades se le supone y que, en ocasiones, tanto nos aleja del mundo real. Sórdido, inquietante, incómodo para el espectador. Una pesadilla antes de navidad, distinta a la de Tim Burton. 




RELATOS SALVAJES. (Damián Szifrón)


Relatos salvajes es, ante todo, humor noir que pretende divertir y lo consigue de manera notable. También son vísceras esparcidas sobre el asfalto, tras los zarpazos de la vida. Situaciones estrambóticas dentro de lo posible. Pero sobre todo, Relatos Salvajes quiere rendir pleitesía a la venganza y las reacciones instintivas.
Una antología de “aquello que haría, si me olvidase de las consecuencias“. Tesitura fascinante en una sociedad cínica, diplomática, con miedo a la confrontación y necesidad a dejar las cosas en tablas, aunque queden pleitos y rencillas pendientes.
Todo ello, desde una óptica visceral, estado inmediato al de rendir cuentas a alguien.