lunes, 5 de enero de 2015

MIS 10 SERIES/PELÍCULAS DEL 2014 (II)

NEBRASKA. (Alexander Payne)


Nebraska, aparte de un discazo ochentero de Bruce Springsteen, es una road movie con tono melancólico. Un octogenario cuya vida ha sido una sucesión de bares, rutina encerrada en un pueblo de la América profunda y compañías interesadas. Las ganas por vivir y perseguir un sueño le vienen tardíamente, en el ocaso de su errática vida. Se niega a entregar la cuchara sin haber gastado un último cartucho que le saque de la sensación de fracaso y apatía que le ha perpetuado hasta la fecha. El alzheimer, la salud bajo mínimos y la longeva edad no serán impedimento para cumplir su último deseo.

Espectacular fotografía en blanco y negro, guión corrosivo, BSO con esa mezcla de folk y country propia de los áridos pero hermosos paisajes Texanos y un reparto más que acertado.
Sensibilidad sin efectismos, ni melodrama, que recuerda a "The Staight Story" la obra con la que David Lynch demostró que puede hacer cosas distintas al sentido onírico de sus creaciones marca de la casa. No apta para el típico espectador que siempre está esperando que pase algo.






STOCKHOLM. (Rodrigo Sorogoyen)


Sábado noche. En alguna zona de copas de Madrid. Chico se acerca a chica con alguna frase arriesgada para romper el hielo. La chica muestra ese deje inequívoco de que la persuasión es un protocolo necesario de cortejo. Las reglas del juego suelen ser siempre las mismas y son conocidas y aceptadas tácitamente por los dos sujetos: el activo y el pasivo. Él, mostrando empeño. Ella, invitándole a un flirteo que ella no va a empezar. La aversión al riesgo, intrínseco en la idiosincrasia femenina. La necesidad de poseer del macho no es solo cosa de documentales de la 2 que ver en madrugadas de insomnio.
Dice un experto, Don Draper, que el 90% de la seducción consiste en escuchar. No parece que esa premisa esté hecha para el tonteo con luces de discoteca. Es difícil hablar de algo que no sea banal y desinteresado cuando suena esa música que nunca llevarías en el walkman y ves esas caras vampíricas de necesitar un beso redentor de una desconocida o un penúltimo Dyc-cola. Mostrar cierto empeño contenido es la clave para acabar tomando churros y deshaciendo la cama con la chica, que juguetea con la pajita del ron cola, mientras intentas decir algo que suene ingenioso en la sordera ambiente del lugar. La candidez para ellas.

Stockholm es mucho más que una radiografía sobre el tira y afloja de la seducción. Stockholm es el baile de máscaras en la temeridad del sábado noche. La trastienda del escaparate de amor efímero en cualquier zona de copas donde quemar el fin de semana. 
Una maravilla con presupuesto de película de serie B de los 80, financiada por crowdfunding. Un proyecto minimalista que no descubre nada, pero que lo cuenta de una manera brillante.








EL LOBO DE WALL STREET. (Martín Scorsese)


Divertidísima. Desmesurada. Excesiva. Desmadrada. El mismo Scorsese de Casino y Godfellas. Misma estructura, voz en off del protagonista narrando hechos pretéritos sobre su subida a los alteres y posterior descenso a los infiernos, el hilarante compinche del protagonista (Jonah Hill ha tomado el testigo de Joe Pesci, 20 años después) y el concepto de "conseguidor" como base argumental. Aparte de su gran vistosidad, un reclamo para el gran público, El Lobo de Wall Street es una sátira muy afilada sobre la tendencia, que empezó en los 80, de priorizar la economía financiera respecto la economía real. Neo-liberalismo basado en pelotazos, burbujas, especulaciones y métodos ponzis, con la complicidad de Wall Street. El "todo vale" de las finanzas.

Di Caprio está superlativo. El mejor papel de su carrera hasta la fecha. Scorsese siempre saca lo mejor de él. Está con el tono de la película, excesivo, histriónico, pasado de revoluciones. Creo que hay una injusticia muy grande en la apreciación de Di Caprio, en la apología del cliché: "Antes parecía un mal actor y ahora muy bueno". Una seria laguna en la memoria colectiva que le hace parecer un actor reinventado. Y yo creo que no es así, que siempre ha sido un actor como la copa de un pino. Es cierto que ha ido a mayores, siendo cada vez mejor actor (cosa absolutamente normal). Titanic siempre será su sino, su asociación a un cubo de palomitas y a ser portada habitual de Super Pop de mediados de los 90. Pero antes de Titanic, había estado excepcional en "Diario de un Rebelde", "Vida de este chico" y en "¿Quién conoce a Gilbert Grapes?". En las películas posteriores, como toda superestrella de alfombra roja, tiene de todo, cosas buenas y cosas malas (más lo primero que lo segundo), pero si se hiciese un análisis frío quedaría la impresión que Di Caprio es un buen actor con una carrera muy regular y solvente.

En cuanto a Scorsese, creo que tiene el mismo don que Tarantino. Sus películas, ante todo, son vehículos de entretenimiento, pero además, muchas de ellas, son obras de culto y películas maravillosas, que trascienden en la memoria. Es muy jodido abarcar target y tener cierto misticismo en las obras. Más difícil que hacer el Haneke, el Lynch, el Von Trier, el Jeff Nichols, el Wes Anderson, o el Steve Mc Queen, por muy personales y calado gafapastil que tengan sus obras (y no lo digo criticando, que todos los mencionados, quien más y quien menos, me gustan y alguno me fascina). Hacer un producto de calidad y para todo tipo de público, pienso, es lo más difícil de realizar en esto del cine.









MAGICAL GIRL. (Carlos Vermut)


Magical Girl es un puñetazo en el estómago. Lo que empieza con tintes de fábula entre unos protagonistas apesadumbrados, se torna en un cuento de horror. La manera como dosifica, Carlos Vermut (director al que hay que atar en corto), la información sobre los personajes es la gran clave para que el puzzle vaya encajando progresivamente. Mucha influencia de Álex de la Iglesia, con un tono menos sátiro y más noir. José Sacristán demostrando que puede ser rescatado para el cine de autor, bordando un papel muy sórdido, el cual, hasta bien entrada la película, desconocemos casi todo y no sabemos los entresijos que guarda bajo esa mirada de haber sobrevivido a tres generaciones de actores españoles.

Magical Girl es una delicia para paladares hechos a prueba de bombas. Escarnio intravenoso que resulta ser una pequeña gran joya.







BOYHOOD. (Richard Linklater)


Boyhood es cine experimental que toma cuerpo de cine indie. Linklater, responsable de la genial trilogía de "Antes del Amanecer/Atardecer/Anochecer", crea un retrato familiar a lo largo de 12 años, en tiempo real, en los que queda patente la evolución de cada uno de los personajes y de sus relaciones dentro del núcleo familiar. Narrado en los ojos de un niño, que va creciendo y topándose con los primeros amores, los primeros desengaños, los caminos que se bifurcan cuando hay que elegir entre la vocación o lo pragmático, la relación con sus semejantes.
La arena del tiempo, la única variable irreversible, que pasa inmisericorde y que supone distintos momentos, según el reloj biológico. La pérdida de la inocencia, las primeras cervezas a hurtadillas, los sentimientos a flor de piel que parece que durarán siempre, buscarte las habichuelas sin la burbuja protectora materna, los amigos que van y vienen, las decepciones, la inseguridad. El resto de la familia no es inmune al paso del tiempo, las arrugas empiezan a ser difíciles de ocultar, las relaciones evolucionan al conformismo por puro desgaste o se resignan a una soledad que empieza a oler a crepúsculo, cuando uno se percata que el camino recorrido es mayor que el que se presume queda por recorrer. La inmortalidad de Drácula y el elixir de la eterna juventud de Peter Pan, la obsesión de la literatura por llegar donde nunca ha llegado el hombre. Siempre quedará la frase de marras que reza el trillado "Carpe Diem": - Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela. Esa rosa que hoy contempláis, mañana estará muerta -.

Una propuesta muy arriesgada y tremendamente interesante para la antropología humana y el estudio darwinista de las relaciones familiares a lo largo de los años. Boyhood es una epopeya de la vida.





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