lunes, 9 de junio de 2014

MENSAJE EN UNA BOTELLA, ENTRE LOS RESTOS DEL NAUFRAGIO


Aquella noche, "X" volvía a llevar la misma camiseta azul Adidas, como un puñado de noches anteriores. La camiseta azul Adidas combinada con los calzoncillos, haciendo las veces de pijama. El verano amenazaba y ni siquiera la ventana abierta era un soplo de aire fresco en la viciada habitación.

La camiseta azul Adidas no estaba elegida de manera aleatoria. Era la camiseta que "Y" detestaba. Bueno, era mucho más que eso. Era un abismo entre "X" e "Y", un elemento discordante, una metáfora en forma de típica suegra que hace mella en una relación. El caballo de Troya que hacía insoportable las diferencias entre "X" e "Y". La chispa adecuada acechando un charco de gasolina. El Muro de Berlín que separaba la Guerra Fría de dos mundos con concepciones excluyentes entre sí. Aunque "X" solo la usaba para correr, "Y" no podía evitar la arcada al verle con la camiseta puesta. Una fobia como otra cualquiera.

"X" e "Y" llevaban meses sin estar juntos. La depreciación de los materiales, como causa-efecto. Una depreciación que genera relaciones zombies que entran en barrena en un estado catatónico de autocomplacencia y costumbrismo. Muchas relaciones continúan con esta tendencia hasta máximos históricos, hasta el fin de sus días. No fue el caso de "X" e "Y". Supieron ponerle el cascabel al gato, cuando el fango empezaba a cubrir las rodillas.

Aquella noche en la que "X" comía techo, con su autóctono insomnio crónico, la camiseta azul Adidas volvía a ser su talismán para alejar los fantasmas del pasado. El cerebro, ese generador de oasis en medio del desierto, acostumbraba a jugarle malas pasadas, pasando a sesgar una bonita historia a una idealizada historia. "X" solo conseguía recordar la sonrisa de "Y", aquellos vinos de los primeros encuentros, aquellas miradas furtivas cuando aún eran desconocidos, la lluvia en la habitación de "X" de aquella primera tarde, los días de pasión incandescente que acababan con las habitaciones ventiladas de algún hotel, el invadir el entorno del otro y sentirlo como parte suyo, conocerse entre paseos por el centro, descubrirse en cenas improvisadas, las escapadas, las conversaciones de pelis pendientes de ver, libros pendientes de leer o discos de Nirvana que jamás escucharon juntos, divagar del futuro como algo común.
La camiseta azul Adidas le permitía a "X" ver la otra columna del balance, la contrapartida de la nostalgia, la otra cara de la moneda. Le ayudaba a relativizar y a recordar que "Y", a pesar de ser maravillosa y una compañera de viaje genial, era una recuerdo idealizado y que como todo activo, tenía su pasivo.

Ya no era cuestión de buscar causas, culpables o pleitos pendientes. Poco importaba si se trataba del hedonismo y la búsqueda del placer efímero y cortoplacista de uno. O de no saber estimular cuando el fuego empieza a consumirse del otro. Ambos habían perdido una bonita relación, ambos se habían ganado a sí mismos sabiendo salir del bucle.

Pero aquella noche volvía a ser necesaria llevar la camiseta azul Adidas para hacer una auditoría interna justa y equitativa. Una introspección más acorde con la realidad que le brindaba el recuerdo idealizado.
El descenso a los infiernos lo evitaba, desde hacía tiempo, aquella camiseta azul Adidas. "X" nunca hubiera imaginado que un elemento beligerante se convertiría en un clavel, como aquella revolución pacifista que se dio en la Portugal de 1974.


*Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia




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