lunes, 12 de mayo de 2014

TRUE DETECTIVE. MUCHO MÁS QUE UNA MODA GAFAPASTIL.


Los áridos caminos por las polvorientas carreteras texanas, a lomos de un mustang descapotable, que puede recrear cualquier canción de Bruce Springsteen, es una moda obsoleta. Lo de parar cada dos horas en uno de esos restaurantes especializados en tarta de manzana y camareras, con la estética de Marilyn, que te enseñan el escote cuando pides huevos con bacon, pasó a mejor vida. 
Ahora se ha puesto de moda coger carretera por lugares pantanosos de cualquier Condado de Louisiana. “Llanuras bélicas y páramos de asceta, no fue por esos campos el bíblico jardín”, como recitaba Extremoduro. Lugares de una visualidad poética inenarrable, donde la belleza se mezcla a una amenaza inexplicable que hace que salten las alarmas instintivas. Mal sitio para que el coche te deje tirado cuando cae la tarde. El musgo y la fauna autóctona esconden secretos. Entre los juncos y el fango se sumerge el horror y las pesadillas.


                            


Así, viajan por todo el Estado de Louisiana, Rust y Marty. Buscando respuestas.
Uno, está de vuelta de todo. El sentimiento autodestructivo, que le acompaña, solo da tregua a la ingesta de cervezas y al misticismo heterodoxo, mediante el cual reflexiona sobre la vida y la muerte, con la voz queda y la base empírica que otorga la tragedia sobre sus espaldas. Un filósofo con petaca. Un dogmático desde la barra de bar. Un poli trasnochado que al acabarse el último chupito de Bourbon se irá a buscar el amor inmediato, efímero, tal vez de contrabando, al otro lado de la barra, antes que irse a casa, porque en casa nadie le espera y le comen las paredes cuando el insomnio se hace insoportable.
El otro, se mueve en parámetros cotidianos. Un domingo con los suegros, la monotonía conyugal bajo las sábanas, dos niñas a las que ver crecer. Un carácter algo déspota que no admite misticismos más allá de lo que ve el ojo humano. Ningún margen para la reflexión y el existencialismo. El whisky y las faldas le salvan del marido y padre estándar que nunca deseo ser. Siempre con el trabajo como pretexto, si el reloj marca más de medianoche, cuando la mujer espera, sentada en una butaca, a que aparezca oliendo a whisky y con el pecado, aún vigente, en su ropa interior.
Si la atmósfera es pesadumbrosa y la noche amenaza poner el cartel, es probable que la conversación se torne en metafísica, con referencias al pasado, para poder explicar el presente.
Rust siempre tiene una explicación “sui generis” para todo, mientras eleva la teoría de Hobbes: “El hombre es un lobo para el hombre”, a arte. 

En los 90 David Lynch nos enseñó que la importancia no estaba en ¿quién mató a Laura Palmer?, sino en la atmósfera, la belleza de lo onírico, el ecosistema que rodeaba el misterio, los personajes que se abrían paso a la historia. La historia de trastienda del cadáver que se pudre, en defintiva. True Detective recuerda a Twin Peaks.

Nunca un asesinato, siendo la premisa de una historia, tuvo tan poca repercusión dentro de esa misma historia. El asesinato como pretexto para hablar sobre la evolución humana, el nihilismo, el desencanto, la vida desde su arista más sórdida. 









1 comentario:

  1. Te falta regularidad...
    Haces este articulo y ahora debo esperar a que veas otra serie a este nivel para leer algo tuyo.

    Eres ilegal.

    ResponderEliminar