The Wire no necesita de artificios, ni de efectismos. The Wire es un whisky seco que tarda en dar forma en el paladar, pero que cuando lo hace, cosquillea el mismo. The Wire es un "vísteme despacio, que tengo prisa". The Wire es mirar a los ojos al portero del averno que te niega la entrada. The Wire son las entrañas del engranaje burocrático. The Wire son los entresijos de un sistema enfermo, cínico, ambicioso, sin ningún filtro de ética. The Wire es poesía sin necesidad de vértigo, fuegos artificiales o trucos finales. The Wire es sal en la herida. The Wire son zarzas en el alma. The Wire es Baltimore. Y Baltimore es la pesadilla del sueño americano.
Polis corruptos, con
un sentido dudoso de la ética. Una burocracia lenta, que obstaculiza procesos
judiciales e investigaciones policiales. Politización de todo lo susceptible a
ser politizado. Para hacer campaña. Para manipular en las calles. Para controlar
el poder en los despachos. Los políticos se guardan así mismos. Se blindan las
costuras. El poder embriaga más que cualquier whisky. Las calles de Baltimore
lo saben. Saben que les toca las migajas de las clases privilegiadas. Saben que
son material de contrabando para los buenos propósitos de campaña. Propósitos
que son solo estadísticas policiales para limpiar las calles de mugre. A un
sargento se le ocurre trasladar la mugre y concentrarla en un mismo sitio.
¿Meter el polvo debajo de la alfombra o empezar, así, a eliminarlo?
Sindicatos, venidos a menos, hacen un guiño a la corrupción
en una ciudad que se desangra en cada esquina. Sindicatos corporativistas del
trabajador portuario, que se alían con el hampa griego para sacar unas plusvalías.
“Somos como una familia”, dice Fran Sobotka, el líder sindical, al calor del
dinero negro. Dinero manchado de sangre de la mafia. “Nuestro Jornal”, según
Fran Sobotka.
"Somos los reyes del mundo" dicen los dos vértices
de una organización criminal, ante las vistas de la terraza, whisky en mano, donde
se ve Baltimore en su extensión y donde la atmósfera envuelve partículas de
cadáveres. Uno cree en el poder del músculo, de la guerra fría, de los
suburbios callejeros; se define un soldado. El otro cree en el poder del
dinero, de la extorsión, de las manos manchadas desde un despacho, mientras
sujeta “La riqueza de las naciones” de Adam Smith y teoriza sobre si el mercado
de la droga es elástico o inelástico. Ambos se creen vencedores en lo
suyo. Contemplan, desde aquella terraza
de vértigo, como una ciudad se muere desangrada. Y contemplan a sus discípulos
y sus cadáveres. A los derrotados, los
que no se pudieron levantar, en una guerra que no interesa a los medios de
comunicación.
Medios de comunicación que viven de titulares, no de
noticias. El sensacionalismo haciendo tributo al drama. El sesgo inevitable de
informar sin importar el cómo. La propagación del discurso vacío, que solo
pretende vender ejemplares del amarillismo más insolente e infame.
Un personaje antológico, antihéroe, carismático. Omar Little. Silba entre las sombras de Baltimore, evocando a Robert Mitchum en "La noche del Cazador". Nunca una canción de cuna heló tanto la sangre. Baltimore crepita, se estremece en la noche. Omar Little ha regresado, furtivo, con sed de venganza.
Un personaje antológico, antihéroe, carismático. Omar Little. Silba entre las sombras de Baltimore, evocando a Robert Mitchum en "La noche del Cazador". Nunca una canción de cuna heló tanto la sangre. Baltimore crepita, se estremece en la noche. Omar Little ha regresado, furtivo, con sed de venganza.



No podía dejar un post así sin comentarios. Era como ver pasar una mujer guapa y sin decirla nada.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con el repaso que haces, estoy de acuerdo con todo. Realmente es una serie muy completa, pero como ya te he dicho, tiene un no se que, al plantear muchas cosas de manera superficial que no me fascino.
Pienso que es una gran serie, que al haberla vista con tanto hype y de forma tan pausada no ha conseguido saciar las altas expectativas que me dejo la primera temporada.
Ah y si vas a escribir posts como estos tan de pascuas a ramos, me voy a enfadar.
Muy buen texto, si señor. Yo como Oneyros creo que la fama que ha ganado la serie juega en su contra, ya que es totalmente atípica y cuesta entrar en ella. Pero si lo consigues, desde luego que la serie te regala grandes momentos.
ResponderEliminarLito, te falta la segunda parte de esta oda a la crudeza. Te falta hablar de los soñadores anónimos, de todos esos personajes que pelean su honestidad en cada centímetro de su vida y su trabajo. Que muchas veces fallan, sí, que son poliédricos y a menudo creen que el fín justifica los medios. Pero no es esa la lección que nos dan estos Quijotes.
ResponderEliminarLo que nos enseñan Bunk, McNulty o Lester es que, cuando fallan o cuando toman un atajo por el lado malo, ni se engañan ni quieren engañar a nadie, porque saben qué está bien y qué está mal, y saben de qué lado quieren estar aunque no siempre lo consigan.
The Wire te emociona por cómo presenta, sin mentarlo siquiera, el mayor dilema de los hombres libres: la elección. En el fragor de la batalla diaria que cada uno libramos, el propósito último de nuestras pequeñas tareas se diluye hasta el punto de olvidarse. Vas a trabajar y haces lo que tengas que hacer, como cualquier hijo de vecino. ¿Qué más da en qué sector te muevas?. Siempre podremos encontrar la forma correcta de decirlo: si eres repartidor de droga, ¿en qué se diferencia tu puto trabajo del de cualquier "infraser del Caprado"?. Tu vida es la logística. Y punto.
Esto ya lo dijo Frank Costello, ése genial Jack Nicholson en "The Departed" (Infiltrados):
"When you decide to be something, you can be it. That's what they don't tell you in the church. When I was your age they would say we can become cops, or criminals. Today, what I'm saying to you is this: when you're facing a loaded gun, what's the difference?"
Pero claro que hay diferencia. Hay diferencia entre Ellis Carver y Thomas "Herc" Hauk. Y hay diferencia entre Stanfield y el pobre Babs. Y entre McNulty y Banksdale.
Eres un borracho, un putero o un jugador. Has tenido errores en tu vida. Shit happens, coge tu hatillo y escoge el camino que tu abuela hubiera querido para ti.
Sí. Me falta la otra cara de la moneda. El reverso. La contrapartida. Aquellos que decidieron mancharse las manos para salvaguardar su honestidad, por puros ideales, por romanticismo.
ResponderEliminarAquellos que eligieron el buen camino, pero en el mismo encontraron contradicciones para seguir, con honestidad, caminando. Pero como bien dices, no intentaron ejemplarizar "el bien", término quizá demasiado difuso para ser tan cotidiano, sino que hicieron lo que debían hacer por convicción.
Aquello que nos dijo aquel Marine al calor de unos whiskys. No importa qué hayamos estudiado, leído o vivido, podemos extrapolarlo a cualquier materia. Aportando nuestro conocimiento, nuestro "Know-how", podemos adaptarnos a cualquier modalidad.
Y así, Bubbles es un empresario del Emporio de la venta ambulante de miscelánea, ya sea CDS o camisetas. Y Stringer Bell también es un empresario que estudia como estimular la demanda, como adaptar su negocio de los narcóticos a las necesidades del mercado. ¿Qué diferencia hay entre el mozo de almacén, o transportista y el distribuidor de narcóticos? Ambos son logística, según aquel insigne Marine. Olvidémonos de los pecados de unos y de la convencionalidad de los otros, todo se reduce al mismo patrón, según Frank Costello.
Por cierto. Agradezco a los 3 vuestros comentarios.
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